Aquella caja blanca.

(tema en revisión)
Quiero dejar ahora, aquellas letras que se van desprendiendo lentas de mi pluma, si, mientras la inspiración dicta sin conciencia, con la pasión dormida, entre los ocios que deja la melancolía, aquella sensación de rareza o quizás misterio del que me hacen dueña, no sabiendo aún porque.
Hubo o tuve no lo sé, una época en que me dije que sería poeta, creo fue en una tarde de primavera, cuando somnolienta por los altibajos del clima, saliendo al balcón, vi un espejo inmenso con un azul que me atrapo, fue desde ahí que este color se posesionó de mis favoritos, aquel lago en su quietud rozaba la inmesidad de un cielo pausado y tranquilo, pensé que si no había nacido poeta, ya la enseñanaza era mucha y si no ocupaba mis espacios vacios en divagar con la pluma entre cuadernos virgenes, todo aquel mundo que mi mirar percibe, se quedaría en imágenes rotas con el tiempo, haciéndose perceptibles a una memoria desgastada que al final de cada historia, necesita de documentos para posteriores lecturas.
Entre polvo acumulado por los tantos años, aquella blanca caja, esa misma que ha viajado por tantos lugares, la misma que se abre ante mis inquietudes cuando entre los dedos voy doblando un papel simple, una servilleta ya maltrecha, que acogieron en silencio mis inspiraciones de momento, ella tiene mis secretos, los nombres de antaño, los toques de tristeza que se quedaron colgados entre los malabares de un abecedario.
Ella tiene en sus entrañas las ilusiones de mi comenzada juventud, la cual me dejo a pasos agigantados, por la premura que tuve de conocer el amor.
Sabe que soy meticulosa en los detalles, que doy la espald a la mediocridad, que el sabor de la traición es amargo, lento y calcinante, que está desterrado de mi conciencia.
Sabe de los miedos y de mis fracasos, los que en luchas incansables luego en éxito se convirtieron.
Está ahí, siempre en silencio y cargada de secretos, llegó a mis manos por un cambalache de esos, dos dólares y ya era parte de mis posesiones, no sé si el tiempo paso raudo y veloz y con ello el valor del dinero decreció, pero ella se mantiene protegiendo aquel sueño de poeta que un día escribí en un papel, esa caja hoy tiene un valor incalculable es la mejor posesión que cuido con mi corazón.
