Y ahora qué ?
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Me invade un sopor, el cual no sé si es cansancio o simple pereza, me deslizo en la habitación a la que llamo mi taller, ahí tejo ideas locas, entre arcilla húmeda se perfilan figuras que sin alma, dicen tantas cosas, también los lienzos de pintura se quedan escondidos en esquinas precisas han dejado a medias los trazos que mi memoria atrapa en viajes imaginarios, donde encuentro mundos modificados a mi antojo, para complacencia de esos gustos que no se suelen satisfacer plenamente, ya que siempre hay la tendencia a perfeccionar las exigencias, esas que todos llevamos dobladas en alguna libreta llamada conciencia.
No quiero buscar rima, hoy soy rebelde a las normas y la gramática me hace mueca de hastío, seré yo que estoy en libre albedrío, ebria de imposiciones, resaca de resoluciones, deberes sin cumplir, reglamentos borrosos, un manual de vida que me rehuso a seguir, es que dentro llevo un grito de impaciencia a supuestos protocolos, cuan falso me parece ese todo por la sencilla razón de pretender complacer a otros cuando la insatisfacción se queda a flor de piel.
Mi sillón predilecto se ríe de mis murmullos, tiene una piel negra que acaricia mis muslos desnudos, sorbe de mi espalda el cansancio acumulado en pocas horas, hasta el insomnio se quiere quedar ahí, sumergido en sus pliegues cómplices de mis momentos holgazanes.
En la esquina de la estancia, mi teclado, fiel compañero del computador se queda en silencio y es paciente conmigo, sabe que estoy buscando ese momento preciso de ir a rozar las letras frías que lleva entre sus formas, pero sabe igual que soy quien le hace hablar y decir tanta verdad oculta, esa que en su independencia no puede expresar, esta más atado que cualquier mortal, como muchos tienen la lengua atrapada en una moral ficticia, es una pose inusual de dignidad, fingiendo no ver, no escuchar menos opinar, para no ir en contra de la corriente, otra de esas verdades que se quedan colgadas en el ambiente, contaminando así la libertad de respirar.
Mientras sigo en la especulación, me quiero inspirar claro, por eso apago el mundo allá afuera donde las historias se mueren de risa o de hastío, algunas pasan corriendo tan de prisa que no se dejan atrapar, y a tantas hay que darles un poco se paciencia y piedad. Me distrae el canto de un ave que llega a deambular por el balcón de mi ventana, donde al descuido he dejado migajas de pan, una trampa de esas que no causan mal alguno, pero creo que el derecho se me concede de romper con las letanías que hay en la radio y televisión, es mejor que el colibrí llegué o también el ruiseñor, ellos tienen la naturaleza pintada en las alas y en el corazón una canción siempre de amor.
Siempre hay más de alguna distracción, las plantas en mi jardín tienen una danza inusual, parece que el viento ha llegado a fomentar su sensualidad, coquetas se contonean ante ese amante invisible, me pregunto: qué les dirá ? acaso el viento tiene corazón ?.
Dentro de mi casa hay un silencio, fruto de las ausencias, aquellos salen a cumplir horarios, mientras yo me quedo acurrucada hilvanando cuentos, esas historias muertas, jugando con la arcilla, creando mundos con silencios y secretos, abstractos de las consecuencias, reflejos de pensamientos amorfos, es cuando el sonido de mi memoria surge como un invitado más, de esos que llegan y tocan tu puerta y gritas que no estas.
No he fumado, pero imagino ese cigarrillo que espera el roce de mis labios, pretendo no saber, o hasta finjo conocer el ritmo de aquel humo que se pierde entre las cortinas que ha hecho la sombra, cuando la noche se avecina y el sol dijo adiós.
Todo surge apacible, mientras la casa esta dormida en sus estancias, el calor se mete debajo de mis ropas, voy y me sirvo alguna copa, camino descalza para sentir mi siempre libertad, ese contacto con el frío piso me hace saber que siempre tengo una realidad, las paredes adornadas de pinturas extrañas, en algún rincón un mueble que está demás. Mi perro duerme, el bullicio de la calle se esta escondiendo casi aprisa, una risa en mi cara, la desvergüenza de no querer entallar dentro del papel blanco una historia que debo contar.
Suspiro y me digo a mi misma, esta es una uta verdad, donde la p se ha roto, y queda ahí, fingiendo no ser lo que será, para no perderse en esa mediocridad de la vulgaridad disfrazada en una pose falsa de intelectualidad.
No, yo sé que los idiotas no tienen en la boca esa suciedad, más el listo atisba para inventar y ponerse a la moda, diciendo que saben hablar.
Me ha dado esa gana de no rabiar, de mostrarme fría en un estúpido no sé que, y van pariéndose la letras ajenas a mi mundo de poesía, pero también tengo una rara melancolía, aquel deseo de gritar, pero tengo una mordaza en la boca, las damas no deben chillar, entonces dejo que la sensación se ahogue en mi pecho, y luego buscar en la consulta del psiquiatra para resolver un trauma más, el dinero se debe gastar, asumir paciencia cuando la impaciencia me hace bostezar, la verdad que no encajo en mundos ficticios, prefiero mil veces mi uta verdad...........
