Hablar de mi amigo.
Si, quiero hablar de mi amigo, ese ser con aire de tímido, aunque de ello no tiene nada, más bien es una pose que su intelectualidad le permite y le da la facilidad para observar el mundo con la pasividad nada más superficial, porque resulta ser un guerrero incansable. Lleva un torbellino dentro, quien lo viera jamás lo imaginaría.
"Nunca habia creido en la perfección. Pero tampoco en la imperfección"
Un párrafo que encontré en uno de esos textos, donde siempre hago mis anotaciones de lo que parece interesante o que tiene un sentido filosófico, aunque para ello mejor leer a los grandes filósofos con quienes tengo citas pendientes ( el tiempo no me alcanza, pero una de estas tardes me escaparé con ellos).
La filosofía me parece una de esa damas misteriosas pero bellas a la vez, todo lo que lleve ese toque de misterio me atrapa para descubrir los porqué, aunque claro esa incursión no resulta fácil muchas veces.
Sé que parecera extraño o para algunos descabellado, mas me ha dado por leer a Nietzche, pretendiendo encontrar razones a situaciones que ya de por si me resultan anormales, no sé que será peor si el antes o después de terminar con mis incursiones en los tantos libros que adquirí para profundizar conocimientos, para devorar en la lejanía acontecimientos que de una u otra manera me satisfacen o me dejan en el mismo punto de partida.
Pero nada, lo que ahora quiero es hablar de mi amigo, idea que daba vueltas en mi cabeza desde hace mucho tiempo, me provoca a escribir ya que él es un personaje misterioso y controversial, creo que jamás podré definirle a la perfección y talvéz lo conozco más de lo que se imagina.
Todos tenemos esas dos mitades que de alguna manera o circunstancia se desprendieron y se unieron en un momento de la historia, encontrando puntos afines en los encuentros donde las tertulias cobraban matices distintos, entendiéndose que entre mi amigo y yo pudo existir ese enlace imperceptible de coherencias o similitudes.
A veces hasta el mismo silencio nos hace cómplice de aquellos que prefieren su mundo distante, por más enterrados que se encuentren en los acontecimientos que de una u otra manera cobran cara sus huellas, creando circunstancias o reacciones que no se olvidan, se quedan escritas en el tiempo y para el mismo tiempo imperecedero.
Por alguna razón llegó con maletas cargadas de recuerdos, talvéz pesares, algunas alegrías extraviadas en una tierra lejana, era como tantos que emigraron buscando un futuro distinto o simplemente por aquellos impulsos extraños de una rebeldía ante injusticias, esas que se nos van de las manos y nos fraguan asco y frustración.
Alguna vez en ratos de confidencias le escuché decir que simplemente su alma salía a buscar cielo y tierra distinta, como si eso fuera suficiente para disipar los temores que se han colgado en nuestra mente, haciéndonos fugitivos de nosotros mismos.
Nunca le pregunté - era como desesperarle la intimidad que guardaba en silencios, con una vestidura de timidez forzada, no - más bien su inteligencia le doblaba el deseo de hablar, decían que callados nos vemos mejor y parece que él prefería observar tras las bolutas de humo que su acostumbrado cigarrillo suelta, en un escape del cual no puede hacerse cómplice, pues aún lleva atadas sus alas a esos esquemas impuestos en una pasado, que como todo se ha ido ya de las manos.
Tenía un extraña manera de ser, las cadenas no eran para él que disfrutaba a sus amigos claro, sin embargo una pared se levantaba cuando se sentía amenazado con la rutina, era como aquella sensación que nos provoca el dulce, que de tanto sentirlo llegamos a empalagarnos. Comencé a entenderle entre las pausas de nuestros encuentros furtivos, donde más de alguna noche fuímos más que amigos, pretendíamos entender la forma de nuestras sombras, saboreamos de alguna manera el placer de escaparnos y creernos enamorados, pero la madrugada llegaba y de nuevo abría el telón, era cuando él se tornaba de nuevo extraño, mutilando las emociones que recién se le habían marcado en la piel.
Dejó de llover y mis pensamientos se han detenido, abril esta arribando trayendo consigo una monotonía conocida, pensar que también soy extraña en otra tierra lejana a mi habitual vida, la que suelo echar de menos. La algarabía de mi casa, donde mamá suele preparar sus peculiares guisos, la risa de los más chicos, las confidencias entre hermanas, las tardes de conversaciones con los amigos, la tensión por ver que las cosas no cambian, encender la televisión para encontrarse con las mil promesas que aún quedan colgadas en esperanzas, la verdad que el mundo se torna igual sin importar la tierra que pisas. Las personas somos títeres de imposiciones, protocolos, costumbres de sociedades afincadas en necesidades y pretrensiones absurdas y si vamos en contra corriente, ya nos tildan de locos o rebeldes.
Había dejado su fotografía a un lado, ese encuentro inesperado de un papel que con el tiempo iba cobrando aquel amarillento color, el brillo se iba descolgando, escapando por las rendijas de ese baúl donde solía guardar detalles que me decían eran especiales, lugar al que llamé mi caja de remembranzas. Esa tarde había incursionado en ese interior que me huele a mil aromas distintos, su foto estaba pegada en uno de esos libros, quisé evocar el porque había llegado a ese lugar, pero lo dejaré para luego.
Mañana seria nuestro encuentro, después de citas borradas en la agenda que por motivos varios no sucumbían en las tertulias de antes, el timbre del teléfono me saco de aquel letargo, ese que me queda cuando la lluvia ha dejado caer, es como que mi alma cobra quietud y se deja escapar entre el aroma que con la complicidad del jardín se mete por los rincones de mi casa.
Siempre he dicho que ciertas sensaciones me hacen estremecer en silencio, pero aquella tarde era distinto, no temía dejar al descubierto esas dentelladas que me da el temor de un nuevo encuentro.
Me preguntaba si recordaría la cita, ya que era terriblemente distraído, y claro eso a él no le importaba, cualquier situación que su olvido produjera se sabía que lo solventaría de buena manera, tenía esa capacidad para presentarlo con el sentido de humor que le era tan característico, además siempre encontraba quien le comprendiera, era la suerte o simplemente su manera de ser.
Pensar que yo si he recordado cada detalle desde el día que le conocí, siendo mi secreto aquella admiración escondida a su intelecto, pues tengo esa rara debilidad por los seres que incursionan mas allá de las trivialidades, nunca presumo mis excursiones en bibliotecas o librerías, buscando la verdad que pienso, estará en algún libro de esos, él mi amigo podría mostrarme o ser mi guía, pues es buscador de verdades que se tejieron a medias, desglosándolas con un sentido único.
Creo que al llevar esa mujer indomable dentro, me provoca admirarle la valentía que creo ni el mismo ha querido aceptar.
De alguna manera él tenía esas cosas que solía admirar en las personas, una dejades ante esa búsqueda de perfección superficial, ello me implica que la libertad no esta sujeta a protocolos impuestos, ni a modas o marcas, estaba igual excentos de ser un clasiste o tener preferencias por poder
Cuando le conocí, fuimos a un encuentro sin premeditación, recuerdo que disfrutaba una tarde sabatina con mi hermana, un amigo de ella nos invito a almorzar, recién había salido de un divorcio y no estaba en ánimo de lidiar con presiones de ningún tipo, la verdad que tenía el deseo de prolongar mi estrenada libertad conyugal, pero no en ataduras similares, sino en esos reencuentros con mi mundo especial, el que había fabricado a ratos en la inconciencia de aquel encierro que me había impuesto para no sentir dolor.
La tarde estaba comezando y eran esos días preciosos, con un sol radiante como suele gustarme, no tenía curiosidad ni inquietud a quien conocería, sabía que era un extranjero en mi tierra, pero también me sentía de igual manera, cuando llevamos rebeldia en nuestro interior, seremos extraños ante los que pretenden conocernos , creo que en eso ambos teníamos la misma idea, la cual nunca desglosamos pero al correr el tiempo y analizar los recuerdo s y detalles, encontre esas similitudes que me acercan de una manera espontánea a mi amigo.
-Hola, ¿cómo te va, qué hay de tu vida, cómo va todo?
-Todo bien, como siempre ya tu sabes.
Mi respuesta que parecía esquiva, no pretendía ahondar en detalles, mejor era dejarlo asi.
Encendió como de costumbre su cigarrillo, no cambiaba su porte distraído, estaba mejor que la última vez, aunque si más inquieto.
"En mi mundo encontré esos secretos que no tenían traducción, era aprender a escuchar y descifrar los sentimientos de un corazón, que eligiendo sonreir le dió mil formas de sentir a su vivir, pero él era mi amigo, eso es lo que no logra encajar a la perfección."
