Había dejado de escribir, claro.
Había dejado los escritos en un casi obligado olvido, ahora les rescato de ese rincón insano donde pueden perderse o deshilvanarse las letras que con cuidado he ido poniendo una tras otra, a ver si logro dar a entender el pensamiento que se acumula en mi cerebro.
Tengo noticias que transmitir, como si fuera un periódico de esos que se van tirando en los rincones de las casas, con el afán de luego encontrar aquellas anotaciones que nos han de servir, mala costumbre, las noticias no esperan para la semana entrante, sobretodo si tenemos que estar actualizados con los acontecimientos temibles que van cada día, sumándose a la catástrofe que envuelve esta bola terráquea.
Lo cierto que no pretendo asumir el papel de informante, no me gusta transmitir las penas o los conflictos mundiales que están haciendo sucumbir la alegría de niños y la tranquilidad de los ancianos, no soy tan sádica, no me gusta serlo.
Esas son las utas verdades que suelo escribir en cuanto papel cae en mis manos, es que la mente no tiene horario para atrapar fragmentos esparcidos allá afuera, si no los tomas a su debido tiempo, se pierden o cambian de semblante, luego las cosas parecen mejor de lo peor que están.
Ya veremos, ahora lo dejo a medias para luego regresar y perfeccionar lo antes expuesto.
